Jordi Bonet i Bosch

Aquí estoy con mi Honda Gold Wing GL 1800 Tour que compré en 2020. Un sueño hecho realidad.

Amparo, mi mujer, me animó cuando yo acababa de cumplir los 58 años. Mi anterior moto era una 660, por lo tanto, el cambio fue brutal. Mucha gente abandona por unas razones u otras su afición por las motocicletas mucho antes que yo. En todo caso voy a decir lo que es evidente. Hay compañeros moteros con 70 y 80 años que disfrutan de sus motocicletas. Y muchos. Todo mi respeto hacia ellos. Llevan décadas encima de sus monturas. En mi caso, ahora con mis 63 años soy un niño comparado con estos compañeros mucho más expertos que yo. Esta impresionante máquina me aporta una ilusión que me recuerda mis comienzos con una Derbi Diablo a los 15 años que conseguí trabajando para poder comprarla. Busqué trabajo expresamente para ello. Ilusiones que con el paso de los años no tan solo no debemos perder, sino que intentar hacerlas realidad.

La frase no es mía pero me ha dejado huella: «Cuando subo a la moto vuelvo a ser joven»

Gran máquina la Honda GL 1800 a la que hay que tratar con respeto. Sus 400 Kgrs. de peso no perdonan errores. El cambio de marchas automático facilita mucho la conducción. Cuando hago rutas de montaña pongo el «modo manual» con lo que se consigue una mejor conducción al poder elevar las revoluciones del motor hasta llegar al momento idóneo para cambiar de marcha.. En verdad tiene una mayor relación peso/potencia que la Yamaha M-T 03. Bastante más. Normalmente voy con el modo de conducción «Tour». Alguna vez he conducido en curvas con el modo «Sport» pero da miedo. Sube muy deprisa de revoluciones, frena con más agresividad a la vez que las suspensiones se adaptan automáticamente a ese modo «Sport». Ese modo de conducción se lo dejo a los más atrevidos y más jóvenes.

Honda ha conseguido diseñar una Gold Wing más ligera que sus antecesoras. Con muchísima electrónica que te lo facilita todo y no te complica en nada. Todo está muy bien pensado.

Mi Yamaha MT-03 de 660 cc. Que buenos recuerdos tengo de ella. Ágil, ligera, manejable, divertida y dispuesta a perdonar errores en carreteras de curvas. Aprendí mucho con ella.

De pequeño con mis estimados padres.

Continúo con la Gold Wing. Un sueño de la adolescencia.